martes, 9 de abril de 2013

Ma Bourgogne (París)

París, ¡qué mágica ciudad! No me ha decepcionado, nada de lo que me habían hablado me ha sorprendido, me ha parecido preciosa y eso que no tuvimos buena suerte con el tiempo y en cuanto a la gastronomía y sus precios tampoco me ha llamado la atención porque sabía que era muy caro. Una cosa si que hemos comentado y es lo pequeños que son los bares/restaurante, los espacios tan reducidos, las mesas parecen de dos cuando son para cuatro, estás siempre pegado a los de las mesas de alrededor...

Esta noche decidimos ir a visitar un restaurante situado en la plaza de los Vosgues, recomendado por un gran amigo mío. Por cierto la plaza no tiene desperdicio. No es uno de los sitios que vas a visitar cuando vas a París y merece la pena. Es diferente a toda la ciudad, es como trasladarse a la Inglaterra del siglo XVIII, con  sus ladrillos color rojo. Los bajos comerciales son tiendas muy especiales, parecen minigalerías de arte. Las calles de acceso plagadas de tiendas de diseño y locales y bares muy exquisitos. Recomendable totalmente dar una vuelta a la plaza entera. Además suele estar llena de músicos, nosotros, como hacía frío, sólo vimos a una mujer tocando el arpa y a un hombre cantando ópera.

El restaurante Ma Bourgogne está situado en una de las esquinas de la plaza, de color granate. Fuimos porque las especialidades son caracoles y steak tartare. El local, como he descrito antes es pequeño y todo muy juntito, pero a pesar de todo resultaba acogedor el ambiente que tenía.

El menú era de 36 euros sin bebida ni iva incluido y constaba de una entrada, un segundo y queso/postre. Por supuesto cayeron 2 raciones de caracoles (escargots de bourgogne). En cada ración venían 6 piezas, pero tenían un tamaño de caracola. Los instrumentos para comerlos eran una pinza y un tenedor de dos púas pequeñas que entraban en el caracol, asi que calculad el tamaño. Estaban cocinados con mantequilla y la salsa que los componía recordaba a una especie de pesto. Estaban maravillosos.


Otro de los platos fue una ensalada (Salade Ma Bourgogne), La pedimos por ser la de la casa y esperábamos que nos aportase algo especial. Pero no fue asi. Compuesta por lechuga, tomate, cebolla, zanahoria en tiras y 3 trozos de queso de cabra quemados. Evidentemente el plato estaba bueno, pero no conseguimos improvisar como queríamos. Nos quedó la duda de si el aliño llevaba algo de mostaza, pero como no sabemos francés nos quedamos con las ganas de preguntarle al camarero.



El último entrante fue un plato de embutidos (Assiete de Charcuterie). La decisión unánime es que fue el plato que menos nos gustó y que no recomendaríamos. Después de comer el embutido de España, el Francés no vale casi nada para nuestros paladares. Iban acompañados de una tarrina de mantequilla y de pepinillos.



Entre los segundos había dos platos de steak tartare. Mientras cenas ves a uno de los cocineros cómo va haciendo el steak. Estaba muy bueno.


Para estos dos platos nos sacaron un plato con patatas fritas que estaban muy crujientes y muy ricas.


Otro de los segundo fue salmón (escalope de salmon a l´Oseille). El salmón estaba bien hecho, ni crudo ni pasado, pero la salsa era muy "francesa" abundando el sabor de la mantequilla y la nata.



Y el último fue (coeur de rumsteck grillé). Podríamos decir que es el corazón de una chuleta de ternera. Muy tierno y con una salsa típica de acompañamiento de estas carnes un poco sosa.


Que no se me olvide comentar que durante toda la cena había un tarro de cerámica lleno de mostaza. Una de esas mostazas que te abren los orificios nasales nada más probarla. Estaba buenísima y la verdad es que comimos mucha cantidad.

Los postres fueron queso azul (bleu de causses), estaba exquisito.


Otro era fromage blanc a la creme. Otra decepción porque era una especie de yogurt insulso.


Un tarta de frutas, que era de manzana. No parecía casera y no recordaba a nuestras tartas de manzana, demasiado dulzona.


Y un crepe suzette. Un crepe con mermelada de naranja, regado con Grand Marniere. Estaba muy bueno, probablemente el mejor postre, pero claro para gustos.


La cena fue regada por dos botellas de vino tinto francés que nos pareció muy suave aunque no estaba malo y una botella de agua con gas y otra sin gas.



El total con la bebida y el iva resultó 212 euros, es decir, 53 por persona, que no está nada mal, yo diría que un poco caro, pero para ser París y por probar los caracoles tan especiales, es un restaurante que recomiendo. Además donde está situado, como ya he comentado, es un trocito de París muy "cuco".

No olvidar que aunque no pudimos comunicarnos por dificultad del idioma, el camarero fue muy amable y sonriente.

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